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Salando las heridas

"the girl that loved you, you hate the most..."
Era caprichosa y soberbia, corajuda e inquieta. Caminaba como si la calle le perteneciera y no se doblegaba ante un no o un "quizá".
Por eso fue a buscarlo cuando ya él no podía sostenerle la mirada; destruyéndonse, así habían vivido. No sabían ordenar sus destinos.
Vino a mi, su cara empapada y sus ojos transparentes me indicaron el final de la línea blanca. Luego sacó un boleto para el tren de la medianoche y nunca más regresó al lugar donde había sido feliz.
Se dedicó a escaparse a diferentes ciudades; a diferentes sábanas con diferentes olores. Cambió de color, religión y estado civil. Se volvió una conversadora especializada y un ama de casa envidiable. Una madre ejemplar y una esposa fiel y dedicada. Una dama de sociedad, nunca llamaba la atención, una tibia y esclavizadora rutina gobernaba sus días, todos. Era la cadencia que había llegado a su vida como un sosiego.
Lo único que nadie se explicaba era porque antes de irse a dormir dejaba una tijera abierta en su mesita de luz. Años después me confesó "es para cortar los sueños, cuando presiento que él (y respiraba profundo antes de seguir)...va a querer volver a rondar, cuando va a intentar llegar a mi a través de ellos, no puedo permitirme perder esta gris normalidad que tanto me costó aceptar"

3 La entrada es gratis, la salida..vemos.:

"Es para cortar los sueños..."Se me ha puesto la piel de gallina!!
Me encanta este relato por capítulos que nos vas ofreciendo.Es como leer una novela!!

Besooos!!

23 diciembre, 2006  

Ay nena, que extrañamente conocido me resulta todo esto. Creo que cuando charlamos en la escalera del edificio de Gaba, medios borrachines, algo de esto entrevi.
Es a lo mejor esa cadencia de la rutina gris la que más deseamos a veces, cuando el amor pasado que se niega a resignarse y quiere romper el cascarón de realidad que le fabricamos. A veces una tijera resulta util, lástima que no siempre nos baste...

24 diciembre, 2006  

Me entró un escalofrío cuando empecé a leer este relato y aún no he dejado de sentirlo.

Yo intento a veces llegar a él a través de los sueños, pero debe tener la tijera bien abierta...

25 diciembre, 2006  

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