"No quiero que venga el destino, a burlarse de mi..."
Lo que a veces salva a lo de indomable e inexplicable del destino es que de vez en vez, demuestra tener un gran sentido del humor. Este coloso hizo encontrar a esas dos mujeres que hacian parar el tráfico de la atestada avenida de los eruditos en el momento justo, en el lugar indicado.
Las dos habían amado al mismo hombre, el mismo hombre las había amado a su modo, arcaico, pero a su modo al fin. Cuando sus amigos le preguntaban como podía al mismo tiempo adorar por igual a dos mujeres que eran el agua y el aceite el explicaba pacientemente.
- Es que una es mi sosiego, sus manos que dan sin esperar recibir me dan la paz en mi ansiedad; seguridad de quererla querer a toda costa porque sin ella la vida no sería vida. La otra; ella, me brinda la guerra santa de cada día, el estigma de la duda y la bendicion de la tentación. La certeza de la levedad en contraposición al peso de la rutina.
Y continuaba como poseido por algún espíritu de trovador - sin ella, una casa es una fría embajada, con ella es una fiesta de color y sabor. Ella me hace infelizmente dichoso, y con ella soy felizmente infeliz. Claro que para esta parte del relato los receptores ya habían perdido el hilo de la explicación y les mezclaban las ellas, tanto como a él; entonces aprovechaban un respiro del orador para cambiar de tema.
Ese día cruzando la avenida, ellas dos se miraron frente a frente por cinco segundos y quizá reconocieron un atisbo de familiaridad en sus pupilas, sin embargo siguieron caminando, pero una duda se instaló desde ese día para siempre. ¿Podía ser que ese hombre haya hecho vivir algo de la otra en cada una?
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Pues podría ser...
Un beso enorme!!
Son de mar dijo...
20 febrero, 2007
Jugadas del destino. Lo de que puede algo de una habitar en la otra me parece factible. me ha encatado
Juane dijo...
21 febrero, 2007